READY-MADE:
La palabra y la cosa son invenciones de Duchamp, habiendo la cosa
precedido a la palabra en dos años: el primer objeto
completamente hecho, la rueda de bicicleta, fue
montado por Duchamp en París en 1913 (simplemente
una distracción, dirá), mientras que la expresión
ready-made no se impuso en él sino hasta 1915,
en Nueva York. En el intervalo, Duchamp había producido
varios ready-made: Farmacia, cromo muy ligeramente modificado,
adquirido en un negocio de accesorios para artistas; Portabotellas,
adquirido en el Bazar del Hôtel de Ville, con una inscripción
agregada de la que Duchamp no se podrá acordar cuando el
objeto se perdió en el transcurso de una mudanza; finalmente,
la pala para la nieve, intitulada In Advance of the
broken Arm. Manifestación perfecta del no-arte, según
el mismo Duchamp, basada en la indiferencia visual, al mismo
tiempo en ausencia total del buen o mal gusto. Por ello
Aragon felicitará a Duchamp en 1930, en La pintura
como desafío (La peinture au défi),
por haberle instruído proceso a la personalidad
El arte ha dejado de ser verdaderamente individual. Se sabe
que ciertas escuelas artísticas ulteriores, que esquematizaron
el ready-made (pop art, arte pobre, etc.), así como el
mercado (reproducción de varios ejemplares de ready-mades
de Duchamp, organizada por los museos), han decidido de otra manera.
¿El ready-made habría sido una aberración
(pasajera) de la escultura?
JEAN-CLARENCE
LAMBERT, Dictionnaire général
du surréalisme et ses environs.
A PROPÓSITO DE LOS READY-MADES
En 1913 tuve la felíz idea de fijar una rueda de bicicleta
sobre un taburete de cocina y de mirar cómo giraba.
Unos meses más tarde compré una reproducción
barata de un paisaje de atardecer invernal, que llamé Farmacia
tras haberle añadido dos breves toques, uno rojo y el otro
amarillo, al horizonte.
En Nueva York, en 1915, compré en una quincallería
una pala de nieve sobre la que escribí: En previsión
de brazo roto (In advance of the broken arm).
Fue por esa época cuando se me ocurrió la palabra
ready-made para designar esta forma de manifestación.
Hay un punto que quiero establecer muy claramente y es que la
elección de estos ready-mades nunca me vino dictada
por ningún deleite estético. Esta elección
se basaba en una reacción de indiferencia visual,
adecuada simultáneamente a una ausencia total de buen o
mal gusto
de hecho una anestesia completa.
Una característica importante: la breve frase que en cada
ocasión inscribía en el ready-made.
Esta frase,
en lugar de describir el objeto como lo hubiese hecho un título,
estaba destinada a transportar la mente del espectador hacia otras
regiones más verbales. A veces añadía un
detalle gráfico de representación: llamaba a eso
para satisfacer mi tendencia a las aliteraciones, ready-made
ayudado (ready-made aided).
Otra vez, queriendo subrayar la antinomia fundamental que existe
entre el arte y los ready-mades, imaginé un ready-made
recíproco (Reciprocal ready-made): ¡Utilizar
un Rembrandt como tabla de planchar!
No tardé en darme cuenta del peligro que podía haber
en usar sin discriminación esta forma de expresión
y decidí limitar la producción de los ready-mades
a una pequeña cantidad cada año. Comprendí
por esa época que, para el espectador más aún
que para el artista, el arte es una droga de hábito
y quise proteger mis ready-mades contra una contaminación
de tal género.
Otro aspecto del ready-made es que no tiene nada de único
la réplica de un ready-made transmite el mismo mensaje;
de hecho casi todos los ready-mades que hoy existen no
son originales en el sentido usual del término.
Una última
observación para concluir este discurso de egomaníaco:
Del mismo modo que los tubos de pintura empleados por el artista
son productos manufacturados y ya hechos. Debemos concluir que
todas las telas del mundo son ready-mades ayudados y
trabajos de acoplamiento.
Marcel Duchamp, 1961.
Breve informe de M.D. al Museo de Arte Moderno
de Nueva York en el transcurso de un coloquio organizado el 19
de octubre de 1961 por William C.Seitz, en el marco de la exposición
El arte del acoplamiento, publicado en Art and
Artists, Londres, julio de 1966, pág. 47. Traducción
francesa de A. Tavera, en Subsidia Pataphysica, nš2, 10 de agosto
de 1966, págs. 87 y 88; CW Bib. 149 y 207.
Traducción castellana extraída de Marcel Duchamp,
Escritos Duchamp du Signe, Colecc. Comunicación Visual,
Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1978.
FRAGMENTOS DE ENTREVISTAS SOBRE EL READY-MADE
.
I.
KATHARINE KUH ¿Qué buscaba usted
cuando inventó los ready-mades?
DUCHAMP La cosa curiosa acerca de los
ready-mades, es que nunca he podido llegar a una definición
o explicación que me satisfaga plenamente. [Cualquier objeto
hecho, aislado de su significado funcional, puede convertirse
en un ready-made, ya sea con o sin embellecimiento
posterior, N. de la A.]. Todavía existe magia en la idea,
así que preferiría conservarla en esa forma, en
vez de tratar de ser esotérico acerca de ella. Pero hay
pequeñas explicaciones y aún ciertos rasgos generales
que se prestan a discusión. Digamos que uno usa un tubo
de pintura: uno no lo hizo, sino que lo compró y lo usó
en calidad de ready-made. Incluso si uno mezcla dos
bermellones juntos, es también una mezcla de dos ready-mades.
Por tanto, el hombre nunca puede empezar de la nada. Tiene que
empezar con cosas ya hechas, como lo son, incluso, su propia madre
y su propio padre.
Mis ready-mades no tienen nada que ver con el objet
trouvé, porque el llamado objeto encontrado,
está completamente bajo la dirección del gusto personal.
El gusto personal decide que este es un objeto hermoso y único.
El hecho de que la mayoría de mis ready-mades
fueron producidos en masa y podían ser duplicados, es otra
diferencia importante. En muchos casos, efectivamente, se repitieron,
evitándose así el culto de la unicidad, del arte
escrito con A mayúscula. Yo considero el gusto
bueno o malo el enemigo más grande del arte.
En el caso de los ready-mades, traté de permanecer
alejado del gusto personal y ser completamente consciente del
problema. De ahí proviene el que, en un período
de casi cincuenta años, he aceptado solamente un número
pequeño de ready-mades. Si hubiese estado produciendo
diez diarios, la idea completa hubiera quedado destruida, porque
grandes cantidades aisladas inmediatamente producen un gusto personal.
Agregando lo menos posible a mis ready-mades, trato
de conservarlos puros. Naturalmente, todo esto difícilmente
soporta una discusión trascendental, porque es el caso
que mucha gente puede probar que estoy equivocado, simplemente
señalando que escojo un objeto más bien que otro
y así impongo algo de mi propio gusto personal. Nuevamente
digo que el hombre no es perfecto, pero al menos he tratado de
permanecer tan apartado como me ha sido posible y no crea usted,
ni por un minuto, que ello no haya sido una tarea difícil.
No estoy en absoluto seguro de que el concepto de los ready-mades
no sea la más importante idea individual que se desprende
de mi trabajo.
Versión castellana extraída
de Katharine Kuh, Habla el artista, Libreros Mexicanos
Unidos, México, 1965.
II.
PIERRE CABANNE ¿Cómo llegó
a la elección de un objeto de serie, un ready-made,
para convertirlo en una obra?
MARCEL DUCHAMP Debo hacerle notar que no quería
convertirlo en una obra. La palabra ready-made no apareció
hasta 1915, cuando fui a los Estados Unidos. Me interesó
como palabra, pero cuando puse una rueda de bicicleta sobre un
taburete, y la horquilla cabeza abajo, no había en ello
ninguna idea de ready-made, ni siquiera de cualquier otra cosa,
se trataba, simplemente, de una distracción. No tenía
ninguna razón determinada para hacerlo, ni intención
de exposición ni de descripción. No, nada de eso
P.C. Pero había en ello algo de
provocación
M.D. ¡No, no! Es muy fácil.
Vea la Pharmacie. La hice en un tren, en la penumbra,
en el crepúsculo, me dirigía a Rouen, en enero de
1914. Se percibía dos lucecitas al fondo del paisaje. Poniendo
un poco de rojo y verde esp se parecía a una farmacia.
Ése es el tipo de distracciones que tenía en el
espíritu.
P.C. ¿Se trata también del
azar en conserva?
M.D. Evidentemente.
Compré
el paisaje en un almacén de accesorios artísticos.
Sólo hice tres Pharmacie pero ignoro dónde
están. El original perteneció a Man Ray.
En 1914 hice el Porte-bouteilles. Lo compré simplemente
en el Bazar del Ayuntamiento. La idea de una inscripción
entró en la ejecución en ese preciso momento. En
el botellero había una inscripción que ahora no
recuerdo. Cuando me fui de la rue Saint-Hippolyte para ir a los
Estados Unidos, mi hermana y mi cuñada se lo llevaron todo,
lo echaron a la basura y no se habló más de ello.
Fue principalmente en 1915, durante mi estancia en los Estados
Unidos, cuando hice otros objetos con inscripción como
la pala para nieve en la que escribí algo en inglés.
La palabra ready-made se me presentó en ese momento,
parecía adecuarse perfectamente a cosas que no eran obras
de arte, que no eran esbozos, que no se aplicaban a ninguna de
las expresiones aceptadas en el mundo artístico. Todo eso
me impulsó a hacerlo.
P.C. ¿Qué era lo que determinaba
en la elección de los ready-mades?
M.D. Dependía del objeto; generalmente
era preciso defenderse del look. Es muy difícil
elegir un objeto debido a que, al cabo de quince días,
uno acaba apreciándolo o detestándolo. Se debe llegar
a una especie de indiferencia tal que uno no posea emoción
estética. La elección de los ready-mades está
siempre basada en la indiferencia, así como en una carencia
total de buen o mal gusto.
P.C. Para usted, ¿qué es
el gusto?
M.D. Una costumbre. La repetición
de una cosa ya aceptada. Si se empieza de nuevo varias veces alguna
cosa se convierte en el gusto. Bueno o malo es lo mismo, es siempre
gusto.
P.C. ¿Cómo se lo hizo para
escapar del gusto?
M.D. Mediante el dibujo mecánico
que no soporta ningún gusto puesto que está al margen
de todo tipo de convención pictórica.
Fragmento extraído de la versión
castellana del libro de Pierre Cabanne, Conversaciones con
Marcel Duchamp, Ed. Anagrama, Barcelona, 1972.
III.
MARCEL DUCHAMP Ya sabes que no soy hombre
que construya torres de marfil.
JAMES JOHNSON SWEENEY Recuerdo una frase
de un texto de Henri-Pierre Roché en donde contaba que
siempre te las arreglabas para contradecirte ¿Sigues con
el afán de no repetirte?
M.D. ¿No entiendes que el peligro
esencial está en llegar a una forma de gusto, aunque fuera
el gusto del Molinillo de chocolate?
J.J.S. Así pues, según tú,
¿sería el gusto la repetición de cualquier
cosa ya aceptada?
M.D. Exactamente. Es un hábito.
Pásate un tiempo empezando varias veces la misma cosa y
verás cómo se convierte en un gusto. Si interrumpes
tu producción artística tras haber creado una cosa,
ésta se convierte en una cosa en sí y se mantiene
como tal. Pero si se repite cierto número de veces, llega
a ser gusto.
J.J.S. Y el buen gusto
es la repetición de lo que aprueba la sociedad, y el mal
gusto la misma repetición de lo que no aprueba. ¿Es
eso lo que quieres decir?
M.D. Sí, que el gusto sea bueno
o malo, carece de importancia, pues siempre es bueno para unos
y malo para otros. La calidad apenas importa, lo que importa es
el gusto.
J.J.S. Entonces, ¿cómo pudiste
escapar al buen y al mal gusto en tu expresión personal?
M.D. Mediante el empleo de técnicas
mecánicas. Un dibujo mecánico no sobreentiende ningún
gusto.
J.J.S. ¿Porque está divorciado
de la expresión pictórica convencional?
M.D. Al menos eso era lo que yo pensaba
por aquella época, y es lo que hoy sigo pensando.
J.J.S. Este divorcio, esta liberación
de toda intervención humana en la pintura y el dibujo,
¿acaso tienen alguna relación con el interés
que mostraste por los ready-mades?
M.D. Naturalmente, fue mi intento de sacar
una conclusión o una consecuencia cualquiera de esa deshumanización
de la obra de arte lo que me llevó a concebir los ready-mades.
Tal es, como ya sabes, el nombre que di a esas obras que en realidad
ya están hechas. Fíjate por ejemplo en mi ready-made
Jaula de pájaro: intenta levantarla, es demasiado
pesada, pues esos cubos blancos que hay dentro y que a tí
te parecen terrones de azúcar son en realidad cubos de
mármol. Es un ready-made en donde el azúcar
se ha vuelto mármol, creando un efecto en cierto modo mitológico.
Mira ahora un ready-made fechado en 1916. Es un ovillo
de cordel entre dos placas de cobre. Antes de terminarlo, Walter
Conrad Arensberg metió algo en el interior del ovillo,
sin decirme lo que era, y la verdad es que jamás intenté
averiguarlo. Era una especie de secreto entre nosotros, y, como
hacía ruido, lo llamamos el objeto Ready-made con ruido
secreto. Escúchalo. No sé, no sabré
nunca si es un diamante o una moneda.
De Marcel Duchamp, Escritos Duchamp du Signe.